VIERNES 26 DE OCTUBRE


El día que se nubló el Reino de la Luz
En el mundo de las hadas todo era un caos, ¡las brujas se habían apoderado de las estaciones de radio y televisión!
-Ñaca, ñaca- se reían las malvadas haciendo gestos- ¡Por fin vamos a quitarle lo aburrido a este lugar!
Así que decidieron transmitir sólo noticias terroríficas. En las emisiones televisivas ya no pensaba el noticiero “Despiértate feliz” sino el “Duérmete  con el coco” y se informaba  de los destrozos ocasionados  por las hechiceras motociclistas (es que en este mundo, las brujas ya no volaban  en escoba). Además, sustituyeron  el programa de cocina de la abuelita Azúcar Hada por el de “Aprende a guisar sabroso con el Zombi Apestoso”, quien preparaba sangre coagulada revuelta de ensalada. En la radio, la transmisión  de los conciertos de las “Ninfas Encantadoras” se cambió  por los aullidos del “Hombre  Lobo Rocanrolero” y el reporte vial lo daba la momia montada en un ataúd  rodante. Para colmo la vidente Patraña, quien era bidente, se especializaba en el conteo de príncipes convertidos en sapos.
En las calles, se escuchaba de repente “Noticia, noticia de última hora” ¡Roban un carruaje de último modelo a las sílfides del bosque! ¡Una banda de fantasmas asusta a las sirenas!... Total que de pronto el Reino de la Luz lucía desolado ya nadie quería salir a las calles; sólo el miedo paseaba muy agusto  sentándose de vez en cuando  en algún parque a disfrutar la soledad. Todos los habitantes permanecían encerrados en sus casas. Y las brujas por su parte, brincaban felices de gusto.
Fue entonces cuando la reina, el Hada Arcoíris tomó una importante decisión:  comenzó a salir a las calles solitarios a bordo de su carroza de cristal. Todo se lleno de colores y las hadas y los duendes bueno abrieron nuevamente sus ventanas al ver que vieron que todo estaba bien después de tantos días de temor.
Sin embargo, el comité de brujas y hechiceros malvados no se dieron por vencidos, y lanzaron bombas de miedo y conjuros de zozobra con el fin de amedrentar a los pobladores. Así que el Hada Arcoíris decidió ir con el Hada Cadabra de una vez por todas.
-          ¡ Pero su majestad! Ella es mala, ¿cómo podría ayudarnos?- preguntaron alarmados los duendecitos al escuchar la decisión del Hada Arcoíris.
-          Pues de la misma manera en lo que yo ayudé a ella hace tiempo… ya lo verán- Y dando un giro en su carruaje de cristal, desapareció.
Así, la reina ayudó al castillo del Hada Mala. Ésta la invitó a tomar té con galletas, y comenzaron a charlar. Pero el Hada Cadabra no quería retirarse de las estaciones  de radio y televisión, pues pensaba que era muy divertido dar muy malas noticias y hacer sufrir a los demás.
-Mira Cadabrita- le explicó pacientemente el Hada Arcoíris, - No es posible que esto continúe. ¿Ya olvidaste cuando el Azúcar Hada  llenó tu reino de azúcar y mermelada?
-Guacala !No me lo recuerdes! Fue espantoso tuve dolor de estómago una semana entera. Tengo que agradecerte que las hayas convencido de regresar a su casa.
-¿Vez como todo tiene su lugar? Las malas noticias no pueden estar en mi reino todo el tiempo y el miedo tiene que regresar a su casa. Fue así como todo volvió a la normalidad. Las calles del reino de la luz volvieron a llenarse de bullicio;  el miedo regresó a su guardia y las brujas, resignadas se quedaron con sus malas noticias, esas que las hacen pegar saltos de contentos.

Escribe en una hoja completa lo que entendiste de la lectura. Nota letra arial 12 espacio sencillo

VIERNES 19 DE OCTUBRE

Godofreda y Espiridión
Había una vez uan hermosa y regordeta vaca llamada Godofreda. Todas las mañanas cepillaba su cola y enchinaba las pestañas. Cuando salía a dar una vuelta por la granja, la muy coqueta siempre lo hacía llevando una sombrilla azul y zapatos de tacón.
Goofreda guardaba un secreto: quería ser bailarina de ballet y, por ello envidiaba a las garzas (tan flacas y esbeltas); siempre que se veía al espejo se ponía trizte por no ser como ellas.
Cerca de ahí vivía un gallito flaco y zambo que estaba aprendiendo a cantar. pero por más esfuerzos que hacía nunca le salía bien el quiquiriqui. Además tenía chuecas las plumas de la cola y usaba anteojos.
Espiridión estaba enamorado de su Godofreda, pero no se atrevía a cantarle su amor. Al verla le temblaban las patas y tartamudeaba. Siempre la observaba desde lejos y suspirando en su bicicleta.
Un buen día en gallito se armó de valor y le envió una carta a la vaca. Como no podía decir ni "pío" cuando estaba cerca de ella, decidió hablarle de sus sentimientos de esa manera. Y pasaron uno, dos, tres, meses y Godofreda recibía, cada viernes una cartita perfumada. Sin embargo no sabía quién se las había enviado pues el enamorado las firmaba como el "Guapetón". La vaquita se sentía muy contenta de tener una dmirador secreto. Pero su felicidad no era completa, se sentía tan gorda al contemplar a las garzas. Cada vez que ellas practicaban su rutina de baile. Godofreda se lamentaba.
- Muuu-  decía la desdichada -Nunca podré ser como ellas. Por más que sumo la barriga, sigo igual !snif!- Y se retiraba a tomar un zumo de alfalfa.
Espiridón por su parte, seguía tan desafinado como antes y con las plumas aún más alborotadas. No obstante cada día escribía mejor y se había convertido en un excelente poeta.
Finalmente, una tare de marzo, al fin se conocieron. El gallito arribó a la cita con un ramo de cien azucenas y una caja de dulces. Godofreda por su parte, llegó con un moñito rosa en la sien izquierda y un abanico en la pata derecha. Ella se sintió feliz al conocer a Espiridón. Se lo había imaginado más alto y menos desaliñado pero, era simpatiquísimo. Por lo que respecta al gallo, quedó facinado con los ojazos de la vaca. Ambos aprendieron mucho uno del otro: ella le enseñó a acomodarse las plumas y a cantar entonadamente y él le demostró que para ser una buena bailadora no hace falta ser tan flaca, sino tener disciplina; así qye le dio clases de mambo y chchachá.
Ahora se les puede ver cada tarde, bailando y cantando felices un nuevo ritmo. El nombre de este baile es el "quiquirimú". no importa si eres gordo o flaco si eres afinado o no.
Lo único importante es que escuches el ritmo y lo compartas con quien más quieras.
Subraya las respuestas correctas.
El paréntesis del segundo párrafo sirve para encerrar...
a) datos de personajes
b) aclaraciones
c) femeninos y plurales
La vaca del cuento se llamaba
a) Victorina
b) Anastacia
c) Godofreda
Espiridón era un gallito...
a) flaco y zambo
b) algo y guapo
c) chaparro y gordo
Espiridón se enamoró de Godofreda y empezó a comunicarse con ella por medio de...
a) señales de humo
b) canciones
c) cartas
Finalmente le demostró a la coqueta vaquita que para ser una buena bailarina no hace flata ser tan flaca, sino tener
a) disciplina
b) cintura de avispa
c) zapatillas de ballet
Ahora se les puede ver cada tarde, bailando y cantando felices un nuevo ritmo que es el
a) twist
b) cha-cha-chá
c) quiquirimú 


Viernes 5 de octubre

ABUELITA

Abuelita es muy vieja, tiene muchas arrugas y el pelo completamente blanco, pero sus ojos brillan como estrellas, sólo que mucho más hermosos, pues su expresión es dulce, y da gusto mirarlos. También sabe cuentos maravillosos y tiene un vestido de flores grandes, grandes, de una seda tan tupida que cruje cuando anda.

Abuelita sabe muchas, muchísimas cosas, pues vivía ya mucho antes que papá y mamá, esto nadie lo duda. Tiene un libro de cánticos con recias cantoneras de plata; lo lee con gran frecuencia. En medio del libro hay una rosa, comprimida y seca, y, sin embargo, la mira con una sonrisa de arrobamiento, y le asoman lágrimas a los ojos.

¿Por qué abuelita mirará así la marchita rosa de su devocionario? ¿No lo sabes? Cada vez que las lágrimas de la abuelita caen sobre la flor, los colores cobran vida, la rosa se hincha y toda la sala se impregna de su aroma; se esfuman las paredes cual si fuesen pura niebla, y en derredor se levanta el bosque, espléndido y verde, con los rayos del sol filtrándose entre el follaje, y abuelita vuelve a ser joven, una bella muchacha de rubias trenzas y redondas mejillas coloradas, elegante y graciosa; no hay rosa más lozana, pero sus ojos, sus ojos dulces y cuajados de dicha, siguen siendo los ojos de abuelita.

Sentado junto a ella hay un hombre, joven, vigoroso, apuesto. Huele la rosa y ella sonríe - ¡pero ya no es la sonrisa de abuelita! - sí, y vuelve a sonreír. Ahora se ha marchado él, y por la mente de ella desfilan muchos pensamientos y muchas figuras; el hombre gallardo ya no está, la rosa yace en el libro de cánticos, y... abuelita vuelve a ser la anciana que contempla la rosa marchita guardada en el libro.

Ahora abuelita se ha muerto. Sentada en su silla de brazos, estaba contando una larga y maravillosa historia.

- Se ha terminado -dijo- y yo estoy muy cansada; dejadme echar un sueñecito.

Se recostó respirando suavemente, y quedó dormida; pero el silencio se volvía más y más profundo, y en su rostro se reflejaban la felicidad y la paz; habríase dicho que lo bañaba el sol... y entonces dijeron que estaba muerta.

La pusieron en el negro ataúd, envuelta en lienzos blancos. ¡Estaba tan hermosa, a pesar de tener cerrados los ojos! Pero todas las arrugas habían desaparecido, y en su boca se dibujaba una sonrisa. El cabello era blanco como plata y venerable, y no daba miedo mirar a la muerta. Era siempre la abuelita, tan buena y tan querida. Colocaron el libro de cánticos bajo su cabeza, pues ella lo había pedido así, con la rosa entre las páginas. Y así enterraron a abuelita.

En la sepultura, junto a la pared del cementerio, plantaron un rosal que floreció espléndidamente, y los ruiseñores acudían a cantar allí, y desde la iglesia el órgano desgranaba las bellas canciones que estaban escritas en el libro colocado bajo la cabeza de la difunta.

La luna enviaba sus rayos a la tumba, pero la muerta no estaba allí; los niños podían ir por la noche sin temor a coger una rosa de la tapia del cementerio. Los muertos saben mucho más de cuanto sabemos todos los vivos; saben el miedo, el miedo horrible que nos causarían si volviesen. Pero son mejores que todos nosotros, y por eso no vuelven.

Hay tierra sobre el féretro, y tierra dentro de él. El libro de cánticos, con todas sus hojas, es polvo, y la rosa, con todos sus recuerdos, se ha convertido en polvo también. Pero encima siguen floreciendo nuevas rosas y cantando los ruiseñores, y enviando el órgano sus melodías. Y uno piensa muy a menudo en la abuelita, y la ve con sus ojos dulces, eternamente jóvenes. Los ojos no mueren nunca.

Los nuestros verán a abuelita, joven y hermosa como antaño, cuando besó por vez primera la rosa, roja y lozana, que yace ahora en la tumba convertida en polvo.

(Hans Christian Andersen)
 
 
 RESPONDE LAS SIGUIENTES PREGUNTAS:

1. ¿En que se convirtió el libro de cánticos de la abuelita?

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2. ¿Los muertos del cuento de Andersen saben mucho más de cuánto sabemos todos los seres vivos?

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3. ¿Podían ir por la noche los niños a la tumba dela abuelita a coger una rosa sin miedo?

 

4. ¿Qué pájaros acudían a la pared del cementerio a cantarle a la abuelita?

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5. ¿Qué le pusieron a la abuelita debajo de su cabeza en el ataúd?


6. ¿De qué color era el lienzo que envolvía a la abuelita en el ataúd?

 

7. ¿Cual de las siguientes afirmaciones no es cierta?

 

8. ¿Cuál de las siguientes afirmaciones es cierta?

 

9. ¿De que son las cantoneras del libro de cántico de la abuelita?

 

10. ¿De qué tejido era el vestido de flores de la abuelita?